Anaconda estrangula

Considerada la serpiente más grande del planeta, la anaconda verde habita en la mayor parte de América del Sur y su imagen provoca una mezcla de temor, respeto y atracción, que la han convertido en la mascota preferida de los expertos en serpientes “tamaño familiar”.

La anaconda, por lo general, presenta un color olivo claroscuro, con circulos negros que se extienden por todo su cuerpo, la cabeza es estrecha y en los lados de la misma se puede observar un color  anaranjado.
Pasa mucho tiempo sumergida en el agua, por lo que sus cavidades nasales y ojos se encuentran más arriba que en el resto de las serpientes, con las que sí comparte  su capacidad olfativa a través de lengua.
Cuando nacen, las crías pueden medir cerca de 60 cm, mientras que al llegar a la adultez su largo puede alcanzar entre los 2,50 y 2, 70 m (en el caso de los machos) y entre 4 y 8 metros las hembras. Sin embargo, se registraron algunos casos de ejemplares que llegaron a medir más de diez metros, aunque existen pocos de ellos documentados.
En cuanto a su régimen alimentario, el mismo comprende a mamíferos como el capibara o carpincho, además de roedores y reptiles menores, y aves. Cuando la necesidad lo requiere, no duda en atacar a ejemplares jóvenes de yacarés o pecaríes.
Su técnica de caza consiste en acechar a su presa, casi siempre cuando esta se aproxima a la orilla del espejo de agua a beber o cuando se adentra en el mismo. La anaconda aprovecha una pequeña distracción de su víctima para lanzarse sobre ella y aferrarla con sus potentes mandíbulas, procediendo a rodear el cuerpo de aquella, asfixiándola.
Una vez vencida toda resistencia, la anaconda procede a desencajar su mandíbula para engullir el cuerpo entero de la presa, el que será digerido por un lapso de varios días, durante los cuales la serpiente permanecerá dormitando en algún lugar seguro.



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